La Burbuja de Mamá

La Burbuja de Mamá: la mujer que fuí

Entender que el día que di a luz nació una nueva mujer ha sido un proceso largo, complicado, abrumador y extraño.

Entender que el día que di a luz nació una nueva mujer ha sido un proceso largo, complicado, abrumador y extraño.

Este asunto lo entendí sólo días después de tener a mi bebé en mis brazos. En el embarazo era muy consciente de los cambios físicos diarios de mi cuerpo, pero jamás de los cambios psicológicos, personales y sociales que tendría mi vida y mi ser.

No puedo mentir y decir que era una persona con un millón de amigos y de rumba y fiestas cada ocho días, pero si me gustaba salir a bailar de vez en cuando, salir a cenar con mis amigos cuando la ocasión lo ameritaba y asistir a esos eventos familiares donde se celebra hasta el cumpleaños del perro.

¿Pero qué pasó? ¿Olvidé quién era? ¿Mi círculo social olvidó que existo? La respuesta es más complicada de lo que parece o a esa conclusión llegué yo después de analizarlo con la almohada durante semanas.

La conclusión más importante y la número uno es que ya no soy una mujer, ahora soy mamá y lo que todo ello conlleva. Vivo cansada 24/7, no puedo pasar lejos de mi bebé más de 3 horas porque necesita de mi, necesita de su teta, y arreglarme cómo antes lo hacía es un lujo que me puedo dar de vez en cuando.

La segunda es que de repente las largas conversaciones y salidas con mis amigos desaparecieron. Obvio, no los culpo. Muchos, por no decir que todos no son papás y desde hace meses de lo único que hablo es de pañales, juguetes y leche materna. Y salir a un restaurante o a algún lugar con un bebé, ustedes lo saben, no es fácil.

De aquí parto a las reuniones familiares y tal vez la parte más real de esta nueva mujer. Pase de cenar o almorzar en la mesa con toda mi familia a comer frío viendo a mi bebé dormir luego de darle teta en el cuarto de la tía, pase de participar en conversaciones de adultos contemporáneos con una copa de vino a habla cetáceo con un niño rogándole que se tome su mamila. Miro a mi alrededor y aunque todos son conscientes de mi nuevo estatus, lo dejan ser, y muchas veces lo agradezco, porque aunque a veces me duela este nuevo título de madre, no quiero gente chismosa opinando o que no sabe sobre la forma en que estoy criando a mi HIJA!

Ah y no falta el que pregunta por el hijo que sigue sin saber qué he tenido tardes de infarto renunciando a la posibilidad de tener un segundo hijo.

Pero saben qué, a pesar de todo amo la persona en que me convertí, esa fiera que lo daría todo por su hija, que no importa qué un mal luzca siempre y cuando la bebé parezca de revista, esa mamá que prefiero balbucear las 24 horas del día y a tener conversaciones banales por Whatsapp. Soy esa nueva mujer, esa nueva madre que aunque perdió algo el día que dio a luz gano la fortuna de ser madre y de tener un tesoro el resto de su vida: su hija.

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