La Burbuja de Mamá

La Burbuja de Mamá: Lactancia Silenciosa

Uno de los mayores miedos de una mujer durante el embarazo es la lactancia. ¿Produciré leche? ¿Será suficiente? ¿Cómo sabré si lo estoy haciendo bien?

Uno de los mayores miedos de una mujer durante el embarazo es la lactancia. ¿Produciré leche? ¿Será suficiente? ¿Cómo sabré si lo estoy haciendo bien? Son cientos de preguntas que tal vez resuelvan personas que han dedicado su tiempo a orientar a las marmitas con este tipo de dudas, sin embargo hay otro lado de la lactancia del que nadie habla y que sólo lo conocemos hasta que nos enfrentamos a ella. 

Y lo digo a modo personal, jamás expondría algo por lo que no viví. Es mi experiencia real y verdadera. 

Jamás tuve fugas de leche durante los meses de embarazo, de hecho con mi esposo hablábamos frecuentemente de sí era necesario pensar en un plan B. Leía que semanas antes de la llegada de la bebé íbamos a presenciar la salida del calostro, pero saben qué, nunca llegó. Fue hasta que parí a mi hija que vi el milagro de la vida y del amor brotar de mis senos instintivamente cuando mi bebé se aferró a ellos. 

Luego, me aconsejaron erradamente que le diera de comer a mi hija cada tres horas, el resultado, grado uno de ictericia. A partir de ahí entendí, investigando, leyendo e informandome que este acto de amor debe ser a libre demanda.

Estaba llena de miedos, de mitos y leyendas que me convirtieron en una lactante insegura. Tenía cientos de tarjetas y recomendaciones de asesoras de lactancia. Nunca supe por dónde empezar ni cómo afrontar cosas de las que siquiera era testigo. Dolor, sangre, grietas y mal agarre fueron ideas que me martirizaron durante mucho tiempo. Sin embargo, con paciencia, amor, interés y leyendo de día y de noche hasta el momento no he atravezado por ninguno de estos problemas. El agarre de mi bebé se dio naturalmente, tuvo un inicio un poco doloroso pero nada que la constancia y la costumbre no curara. 

Sin embargo, les digo, que no hay cielo sin infierno ni blanco sin negro. Al mes de haber dado a luz me enfrenté a mi primer episodio de mastitis. Sabía lo que era sin tener que ir a la clínica, pero he de decirles que los síntomas me obligaron a visitar la sala de urgencias, pues ni todos los libros que leí me aseguraban que el episodio era manejable por mí misma. En esa experiencia aprendí varias maneras para identificar tempranamente la mastitis y cómo evitar que sucediera de nuevo. ¡Siempre, siempre es bueno acudir a un profesional de la salud!

Días después de esta espantosa experiencia descubrí el causante de aquella visita el hospital: el brasier de lactancia incorrecto. El busto crece, al igual que la espalda (aunque no lo crean) y son factores determinantes a la hora de comprar este accesorio necesario. Pruebense varias tallas, varias marcas y varios materiales, y preferiblemente llegando al final de la etapa del embarazo. Asegurense de que estén 100% cómodas con su elección, que no les aprieta ni la espalda ni sus senos.

Ahora bien, no todo lo que pasa es tan visible e identificable como lo anterior. Una de las cosas de las que nadie habla y nadie te cuenta, es la pérdida de independencia y libertad total de la mujer que se era antes de ser mamá. A partir del momento en que tienes a tu bebé en tus brazos necesita 100% de ti 24 horas los siete días de la semana. Te sentirás abrumada porque no pasará mucho tiempo desde la última toma de leche cuando tu bebé solicitará una vez más de ti. Las salidas con tus amigas, tu esposo y tu familia pasarán a segundo plano, la exigencia y la necesidad que ahora tiene esta nueva vida de ti serán lo primero de ahora en adelante. Pero no te abrumes, no estás sola, todas las mamás pasamos por el mismo sentimiento y aunque lo pienses a toda hora ¡Lo estás haciendo bien! 

Para terminar este capítulo diré que aún sigo trabajando en empezar mi banco de leche, investigué un montón, compré lo necesario pero aún no encuentro el ritmo ni la manera adecuada de iniciar con esta etapa. De licencia, aún me quedan algunos meses, así que seguiré leyendo, investigando, preguntando y llenandome de ganas para lograr el banco de leche para mi hermosa Helena. 

Recuerden que lo que aquí he plasmado es mi experiencia, todas las mamitas y nuestros bebés son diferentes. Mi llamado es a que investiguen, lean y pregunten sin miedo. No nacimos aprendidas y errar es de humanos. 

Ánimo mamitas, no estamos solas. 

¡Hasta la próxima! 

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